El coraje tiene rostro de mujer: vivir frente al asedio de EE.UU. contra Cuba
“Estoy con las botas puestas. No nos vamos a amilanar; la rendición no cabe en el cubano. Nuestro destino lo decidimos nosotros, nadie más”, afirma Enma, madre y maestra.
Una mujer pasa caminando frente a un grafiti en La Habana. Foto: EFE.
21 de febrero de 2026 Hora: 16:49
Cuba suma ya más de seis décadas bajo un severo bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, una realidad que ha transformado la cotidianidad en una carrera de obstáculos. El cerco no solo golpea la economía, sino el corazón de los hogares.
En las últimas semanas, esta presión se ha agudizado con nuevas medidas restrictivas desde Washington dirigidas a impedir la llegada de combustibles a la isla, provocando una crisis energética que pone a prueba, una vez más, la capacidad de reinventarse de la nación caribeña. Pero en medio de la carencia, emerge la organización popular y, sobre todo, la fuerza de la mujer cubana.
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Emma Doris: entre la sanación y la esperanza

Emma Doris Ricardo Santana, madre y maestra de enseñanza superior, conoce de cerca el peso de estas restricciones. Su vida dio un vuelco cuando un agresivo cáncer de mama la obligó a dejar las aulas.
El bloqueo se interpuso en su recuperación: la escasez de sueros citostáticos impidió que recibiera el tratamiento completo en el tiempo previsto.
A la falta de fármacos se sumó el calvario del transporte, obligándola a peregrinar por tres hospitales distintos. Pese a todo, Emma resurgió gracias a la mística de la salud pública cubana y a una red de afectos inquebrantable.
“Las medicinas sanan, pero también cura la solidaridad. Eso es lo que te hace levantarte”, dice con una sonrisa recuperada, aunque sus ojos revelan una preocupación latente.
Su hija Claudia, de 10 años, padece un trastorno del crecimiento. Los reactivos y hormonas necesarios no llegan a la isla debido a las sanciones.
“La prioridad de la familia es ella. La pequeña requiere un tratamiento que aún no podemos hacer en Cuba”, explica. Pero lejos de rendirse, Emma se mantiene firme: “Estoy con las botas puestas. No nos vamos a amilanar; la rendición no cabe en el cubano. Nuestro destino lo decidimos nosotros, nadie más”.
El sueño de ser madre frente a la adversidad

A sus 29 años, Rocío Rincón tiene un solo objetivo en la vida: ser madre. Trabajadora civil del hospital Carlos J. Finley, convive con un tumor en la hipófisis que le ha impedido cumplir su sueño. En su casa, un altar yoruba y la pintura de cinco niñas ángeles custodian su anhelo.
“Ninguna de esas criaturas es mía, pero lograr tener un bebé es mi meta”, confiesa con una tristeza profunda, pero serena. Rocío agradece que su tratamiento sea gratuito gracias al sistema de salud cubano, aunque la inestabilidad en el suministro de fármacos —que muchas veces dependen de donaciones de países amigos— es una sombra constante.
“Hay demasiada gente sufriendo por este bloqueo. Con Trump, la situación es mucho más agresiva; son medidas para sofocarnos, pero no lo van a lograr”, sentencia Rocío, reflejando el sentir de miles de mujeres que, entre la carencia y la fe, se niegan a soltar las riendas de su futuro.
Comunidad Manuel Isla: sembrar soberanía en el rincón más alejado

Lejos del bullicio de la capital, la comunidad Manuel Isla —nombrada así en honor a un joven mártir de la Revolución— se erige como un modelo de autogestión. Allí, profesionales, educadores y trabajadores han construido un oasis de resistencia.
En este entorno vive María Eva Puentes Torres, una repostera santiaguera de más de 60 años que trabaja usando un delantal adornado con conejitos y lucha contra los apagones para entregar sus pasteles. Cada tarta es una obra de arte y resistencia.
“Los apagones nos quitan la posibilidad de trabajar y afectan el estudio de mi hija universitaria, que no puede ni cargar el teléfono para ver sus materias”, confiesa indignada.
Sin embargo, su postura es inquebrantable: “Este país es nuestro. Vamos a resistir con creatividad. Aquí no se rinde nadie”.
Ainara: La voz del futuro que no tiene miedo
La bravura cubana no conoce de edades. Ainara Neira Reyes, con apenas 11 años, habla con la madurez de quien entiende que su escuela es una trinchera de valores. Aunque el bloqueo limite sus lápices, cuadernos o, incluso, la posibilidad de practicar voleibol porque no hay pelotas, ella se siente protegida por sus maestros.
“Los pioneros siempre vamos adelante”, afirma Ainara, quien se informa a diario y entiende que el odio externo busca doblegar su espíritu.
Su mensaje para los niños del mundo es de una solidaridad pura: “Nosotros estamos pasando por un momento difícil, pero si ustedes pasan por algo igual, desde aquí los vamos a apoyar. ¡No se dejen vencer!”.
El lenguaje de la «guerrilla indomable»
Como bien recuerda Tatiana Coll, colaboradora histórica de la isla y testigo de la zafra del 70, el cubano tiene una naturaleza especial: quizás en la rutina parezca relajado, pero «en cuanto suena la trompeta de la defensa, nadie lo supera».
Se activan en modo guerrilla, una característica que les enseñó Fidel y que hoy las mujeres —desde la repostera hasta la pionera— encarnan con una dignidad que no entiende de rendiciones.
En Cuba, la resistencia no es solo un concepto político, es la mano de una madre horneando un pastel a oscuras, es una niña defendiendo su derecho a estudiar y es una comunidad que, ante la falta de combustible, decide sembrar su propio alimento. La solidaridad y la soberanía, definitivamente, tienen rostro de mujer.
Autor: TeleSUR - ac - DE
Fuente: La Jornada - Agencias